lunes, 17 de abril de 2017

Hoy iba llegando al depa a eso del mediodia, ensimismado en mis pensamientos y me toco ver al portero de la escuela que esta en la esquina platicando con un amigo mientras esperaba que los papas hicieran la interminable fila de coches que forman cada dia a eso de las dos y cuarto para esperar a que sus hijos salgan a los dos y treinta. Al ver su sonrisa no pude menos que sonreir yo mismo. Y es que me encanta ver a la gente feliz, relajada, sin preocupaciones. Sera porque yo mismo anhelo tanto eso. Y es que siempre estoy ensimismado, con 40 preocupaciones laborales, 20 familiares, otras 20 sociales, y 100 imaginarias.  Entonces recorde lo que dijo alguna vez el buen Mario "no se si soy una persona triste con vocacion de alegre o viceversa"; menuda idiotez, eso es no tener absolutamente nada de autoconocimiento.

Yo lo se muy bien: soy una persona triste, con algunos momentos felices, pero triste. Me fascina encerrarme en la tristeza, en la melancolia, en la soledad. Lo disfruto sobremanera. Y creo que es eso mismo lo que me hace valorar aun mas los pocos momentos de felicidad. Porque la felicidad es efimera, asi como lo es la tristeza. Sin embargo, hay algo en la melancolia que me gusta; no hay momento donde uno este mas en contacto consigo mismo que cuando se esta solo y pensando. En ese momento no hay caretas, no hay fantasmas, no hay nada mas, solo tu esencia, si te atreves a verla como realmente es. Es el momento donde, si te atreves, te puedes enfrentar a ti mismo, y empezar un camino de crecimiento. 

Por eso se dice que los grandes cambios vienen acompañados de grandes sacudidas, que la noche siempre es mas obscura justo antes de que salga el sol. Tal vez así, provocando los días mas nublados, dandoles la bienvenida, acogiendolos, abrazandolos, el sol brille más intensamente cuando decida salir.